Jamie Vardy: ¿Irrepetible?

Jamie Vardy
Les pido que recuerden cada detalle de esta imagen.

Para la mayoría de los mortales, el fútbol es un deporte idiota donde 22 personas corren tras una caprichosa pelota de cuero durante 90 minutos. Para los demás, en los que me incluyo, es mucho más que eso.

Una de las máximas que suscribo es que el fútbol es un estado de ánimo, una voluntad política y una manifestación de las causas más justas. Pasa de ser un deporte para convertirse en el telón de fondo. En el medio de todo esto, tenemos a Jamie Vardy, delantero revelación de la Premier League con su, no menos revelador, Leicester City.


La temporada 2014/15 fue para el Leicester City una de las más duras. Estuvo al filo del descenso, a minutos no más. Sin embargo, consiguió la salvación.

La temporada siguiente (2016/17), saldrían campeones contra todo pronóstico, dejando pinceladas, manchas de historia pura en el ya extenso óleo futbolístico.

A pesar de que el Leicester City era un equipo, ante todo, casi una especie de Anonymous, cada uno de los jugadores destacó en su puesto y echaron por tierra ese asunto de las “posibilidades y probabilidades”. Destacó Ranieri como DT. Destacaron Mahrez y Morgan. Destacó Vardy.


¿A qué has venido Vardy?

La historia de Vardy puede para algunos resultar una completa locura. Es como si al Dios del fútbol, en un arrebato de humaredas, lanzará a la basura el guión normal y lógico del balompié, dejando en manos del azar y el talento las emociones que persigue un balón cosido.

Es fácil cautivarse por el récord, superando a otro señor como Van Nistelrooy, anotando en 11 jornadas seguidas de la Premier League inglesa.

Es fácil encandilarse con un delantero silencioso, sigiloso, oportunista, que convertía un lateral en contra en un mano a mano a favor. No por nada es el jugador emblema de “los zorros”, que así apodan al Leicester.

Pero, el Vardy real, como él mismo lo sabe, no es ese que ahora goza del estrellato, de la Selección Inglesa y de que cada rival que enfrenta se preocupe por él. El Vardy real tiene mucho de pasado.

Desde el 2003 hasta el 2010, Jamie Vardy jugó en el Stocksbridge, en las divisiones regionales de Inglaterra. Su salario de 60 libras a la semana, para poco o nada alcanzaba. Por eso, a la par con entrenar 2 horas diarias, trabajaba de 8 a 10 horas en una fábrica de férulas.

Para su cumpleaños número 23, se presentó la primera oportunidad de un equipo profesional. Tras 7 años de campos de lodo, 10 horas de trabajo y 2 horas de perseguir los sueños que van detrás de un balón.

Al igual que a Di Natale, Luca Toni, Carlos Bacca -que fue cobrador en autobuses hasta hace poquito-, Jamie Vardy forma parte de esa generación que soportó todas las inclemencias y los pronósticos en contra con tal de hacer lo que les gustaba.

Hoy, le llamamos Robin Hood. Amén por robarle a los equipos multimillonarios un título de la liga más poderosa del mundo. Amén por demostrar que a veces el pequeño debe ganar porque lo merece más. Hoy, su mansión y su Mercedes no lo hacen olvidar aquellos días turbulentos.

¿Recuerdan la imagen? ¿Ven lo que Vardy lleva siempre en su brazo derecho? Es una férula. Fabricándolas fue como impidió que su sueño de ser profesional se “fracturara”. La lleva en su brazo para hacernos recordar que el fútbol es más que 22 tontos persiguiendo un balón.

A veces es la vida misma. Y el fútbol un telón de fondo.

 

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